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29 de febrer
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Errores electorales
FLORENCIO DOMÍNGUEZ
  LA VANGUARDIA
   
 

Han pasado ya seis días desde la celebración de las elecciones vascas y son muchos los análisis políticos efectuados sobre los resultados.

Unos viven todavía en la nube del éxito electoral, otros se curan las heridas que han dejado las urnas y estudian la forma de adecuarse al nuevo escenario político. Todos escrutan el sentido profundo de los votos en busca de razones para la reafirmación o para la rectificación de las estrategias políticas.

Al margen de los abundantes análisis que se han hecho estos días, cabe formular alguna reflexión sobre ciertos errores de interpretación política o sociológica que han quedado en evidencia tras el 13-M.

El primero de estos errores es la consideración de que tras la abstención se ocultaba una bolsa de voto no nacionalista, voto de muchas personas que se inhibían en las autonómicas, al contrario de lo que hacían en otro tipo de comicios. La abstención del 13-M se situó en mínimos históricos y ello ha permitido descubrir que era tan plural como el voto de quienes venían acudiendo a las urnas de manera regular. Tal vez era ligeramente no nacionalista, pero no tanto como para dar la vuelta al resultado final como se había creído. Lo que se ocultaba detrás de la abstención es, quizás, el voto plural, un voto que cambia de partido según se trate de unas generales o unas autonómicas y que en las municipales vota al alcalde que más le gusta sea de la formación que sea.

Otro error desmontado por las urnas es la creencia que muchos teníamos de que los críticos de HB se irían de forma mayoritaria a la abstención. Así había sido en el pasado y así se pensaba que seguiría siendo en el futuro.

Los lazos personales, sociales y hasta afectivos siguen siendo normalmente tan fuertes que la disconformidad con la línea marcada por ETA y HB sólo se traducía en un viaje a la abstención. Siempre quedaban puentes que impedían esa ruptura total que supone pasar a votar a un partido rival. Tal vez la abstención decretada por la izquierda abertzale en las elecciones generales del 2000 representó el primer paso en esa rotura de amarras con unas siglas con las que ha existido siempre una vinculación vivencial que va más allá de la adhesión ideológica. Más de ochenta mil votantes de HB metieron en el sobre las papeletas de PNV- EA el día que fueron a las urnas.

El tercer error constatado es la afirmación sostenida por el nacionalismo de que el terrorismo era un aliado electoral de socialistas y populares. Se repitieron estos análisis tras el asesinato en plena campaña del dirigente aragonés del PP Manuel Giménez Abad, pero el 13-M dejó en evidencia que el terrorismo sólo ocasiona víctimas entre las filas del PP y del PSE. Las deja rebosantes de dolor, pero no aporta ningún voto adicional.

Las urnas han puesto también en evidencia la negativa de Ibarretxe a avanzar los comicios cuando se quedó sin mayoría parlamentaria para sacar adelante la gestión de gobierno. Durante meses se resistió alegando que unas elecciones no cambiarían nada, que el panorama político seguiría siendo el mismo. A buen seguro que hoy no mantendría ese criterio. Tal vez, por el contrario, se lamente de no haber llamado a las urnas hace mucho tiempo. El desgaste político y social no hubiera sido el mismo que ahora.